“¡La hermosa! ¡Si apareciese en medio de los infieles, abandonarían por ella sus ídolos y la adorarían como única divinidad!
¡Si la hubierais visto, censores que me impugnais! ¡Escuchad! Os contaré toda mi embriaguez, y quizá podáis comprenderme!
¡Su vientre tiene un hoyo que embalsama con los perfumes más ricos! Y debajo, aguardándome, gordo y rollizo, alto como el trono de un rey, asentado entre dos columnas de gloria de un rey, asentado entre dos columnas de gloria, está aquél que enloquece a los más cuerdos!”
Las mil y una noches