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Las realidades animadas del Parque de la Warner Bros

Diana Duarte(*)

El Proyecto
 

El Parque Temático de Madrid ya está abierto. Allí acudió a cortar la cinta, en medio de negros nubarrones y malos augurios, el presidente de la Comunidad de Madrid y principal inversionista en el proyecto, Don Alberto Ruiz Gallardón. En un principio iba a ser la propia Warner Bros la que se hiciera cargo de la gestión pero, finalmente, en 1999, se llegó a un acuerdo para que la estadounidense Six Flags fuera la encargada de la gestión del diseño, construcción y operación.


El 29 de Abril de 1999 se constituía la sociedad gestora del parque temático de Madrid, S.A., que gestiona y financia el denominado Warner Bros Park. En Diciembre de 1999, la compañía Six Flags Theme Parks, Inc., antes Premier Parks, Inc., se incorporó al proyecto. Six Flags Inc., es la mayor empresa de parques temáticos del mundo y cuenta con un total de 41 parques situados en Estados Unidos, Latinoamérica y Europa. Los parques de Six Flags ofrecen un enclave de ocio para 20 de las 25 áreas metropolitanas más grandes de Estados Unidos y en total, entre todos, cuenta con más de 50 millones de visitas anuales. Estamos, por tanto, ante un auténtico emporio económico.


Para la explotación se ha alcanzado un acuerdo tripartito entre Six Flags, Warner y Parque Temático de Madrid por el que se abona a la Warner una cantidad fija anual basada en el coste de desarrollo del proyecto, hasta la finalización del mismo. También se ha establecido una cantidad fija para la obtención de licencias de productos de marca Warner en el parque, así como un porcentaje fijo pagadero a Warner por cada uno de sus productos vendidos en el parque.


Y aún hay más. Al parecer existen otras 250 hectáreas que son propiedad de Arpegio y donde previsiblemente se desarrollaría una segunda fase del parque. Ya existe un proyecto para el desarrollo en estas hectáreas de un parque acuático, hoteles y una zona comercial. De momento, no se ha decidido si Arpegio gestionaría la segunda fase, vendería los terrenos o cedería su gestión a la misma sociedad que explota el parque.
 

El hormigón contra la memoria


En los cinco años que ha durado el desarrollo del proyecto, los vecinos de San Martín de la Vega fueron testigos de cómo encima del recién descubierto poblado visigodo, se construía el macroparque de la Warner. Aun más grave, bajo el gris hormigón que mantiene la infraestructura de Piolín, se encuentra un asentamiento de la época Calcolítica (III Milenio a. de C.)


Estos descubrimientos arqueológicos, visigodos y prehistóricos, han sido considerados por la propia Consejería de las Artes de la Comunidad de Madrid como "excepcionales" y "espectaculares". Claro que los 210 millones de pesetas que ha supuesto el estudio arqueológico, no tiene comparación con los 63.000 que ha costado la Warner.


Al final se prefirió tapar todo aquello que no era posible sacar y se decidió que, lo excepcional y espectacular de sus entrañas, fuera ocultado a los ojos y conocimiento de todos, dando un golpe a la memoria de nuestra Historia en tierras madrileñas.


Para los involucrados parece que es mucho más importante el aparcamiento de 300.000 metros cuadrados de superficie y capaz de albergar 8.000 vehículos con el que cuenta el parque, o facilitar el acceso a unas instalaciones de ocio con una línea de ferrocarril de cercanías que llega al mismo recinto, y una autovía, la M-506, que parte de la carretera de Andalucía. Lógicamente, el dinero que ha costado estas obras, no se hubiera destinado si la zona sólo hubiera sido considerada Patrimonio Histórico por un "espectacular" descubrimiento arqueológico.


Pero hablar de la Warner es ir más allá y analizar lo que supone este complejo para los habitantes de la zona. Mientras los comerciantes, empresarios y parados dan la bienvenida a la ayuda que se les ofrece, los datos parecen presagiar que el sueño se quedará en un espejismo que disfrutarán por un corto espacio de tiempo, hasta que se concreten los acuerdos entre accionistas y patrocinadores, pues sólo hay que sacar los nombres de los que han puesto sus capitales en el negocio donde, por cierto, la Warner sólo arriesga un 5% de las acciones. Es decir, los que mandan son otros, como la Comunidad de Madrid, que con Arpegio hicieron una inversión del 40%.


El parque ya es una realidad y parece que las vacas gordas durarán poco para los ilusos que se hicieron eco del cuento de la lechera y que, en realidad, sólo invirtieron en el proyecto sus esperanzas e ilusiones.


La explotación es el tema principal del Parque


Para ilusiones rotas las que, ante la gran oferta de trabajo que suponía el parque, sufrieron los aspirantes a incorporarse a la plantilla de un "gran proyecto" empresarial. Los potenciales empleados, según nos han confirmado nuestras fuentes, se encontraron con una entrevista donde se les ofrecía un contrato basura por el que podrían tener que trabajar un día diez horas y al siguiente dos, hasta cumplimentar las 1000 horas laborables. Es decir, disponibilidad absoluta.


Pero no acaba aquí. Aprovechándose de la necesidad propia de un desempleado, consiguieron el cupo necesario para cubrir los puestos deseados. Sin ir más lejos, el propio Teniente Alcalde de San Martín de la Vega, Miguel Ángel Belinchón, durante los acuerdos con la Warner sobre empleo, declaró: "No obstante, y aunque sería lo ideal, no creemos que se vaya a alcanzar el pleno empleo en el municipio, ya que muchos inscritos en el INEM pretenden mejorar su situación laboral y no van trabajar en cualquier cosa".


Las informaciones a las que hemos tenido acceso apuntan a graves irregularidades en el proceso de formación de los operarios encargados de manejar un entramado técnico de cierta complejidad que va a ser utilizado por miles de personas, por lo que la seguridad debiera ser el aspecto más cuidado de la gestión del parque. El apoyo para la formación y selección contaba con las prácticas de 10 licenciados en Psicología seleccionados por la Universidad Autónoma de Madrid.


En principio, los aspirantes debían realizar un curso teórico-práctico de tres semanas. En el mes de enero y en condiciones impresentables (sin calefacción, sin mesas, sin lavabos...) comenzaron las clases teóricas que se desarrollaron de forma accidentada. Lo más grave es que los exámenes prácticos, que dan la acreditación para el manejo de las atracciones, nunca se realizaron. Pero, sorprendentemente, la empresa facilitó a los operarios las citadas acreditaciones sin que hubieran manejado la mayoría de las instalaciones.


Respecto a la seguridad, ya durante la realización de las obras, el parque ostentó el dudoso honor de ser la empresa con mayor siniestralidad laboral de la Comunidad de Madrid. Y la tendencia puede que no haya variado si se confirma que el funcionamiento técnico se lleva a cabo con déficit de personal adecuado. Algunas atracciones, por su peligrosidad, requieren dos operarios, uno para vigilar el panel de control y otro para vigilar el recorrido de la misma y realizar la carga y descarga de los usuarios. Pero se ha observado que en muchas de estas atracciones sólo hay un operario para llevar su funcionamiento. Ante este panorama resultan evidentes las carencias de seguridad de Warner Bros Park.


Por otro lado, los trabajadores sufren otras circunstancias no menos preocupantes y prueba de ello es que, pocos días después de empezar a funcionar el parque, ya se habían despedido más de medio centenar.


Las irregularidades ya se produjeron cuando se citó a los trabajadores seleccionados para firmar el contrato laboral, a partir del pasado 18 de febrero, y se encontraron con que las 1000 horas propuestas en la primera entrevista se habían convertido en 1840 horas anuales, tope salarial que establece la legislación laboral, sin que cambiara la remuneración acordada inicialmente. Además, a pesar de que firmaron un contrato a jornada completa y continua, se han encontrado con una hora obligatoria para comer que no está remunerada y que, la comida, deben pagarla de su bolsillo.


Ya se han producido las primeras reclamaciones ante el número de atracciones que, en algún momento, se encuentran fuera de servicio, sin que la empresa haya dado todavía explicaciones convincentes ni haya devuelto parte de los 32 euros que cuesta la entrada.


Excavaciones arqueológicas cegadas, seguridad puesta en entredicho, empleo basura y en condiciones tercermundistas, irregularidades en la formación del personal, mucho dinero público y demasiada publicidad interesada es lo que hasta ahora ha dado el Parque Temático de Madrid. Esperemos no tener que dar la razón a los franceses cuando rechazaron el proyecto por suponer un "Chernobyl cultural". Y como diría ese conejo de la Warner, merodeando entre las tumbas de nuestros ancestros, "eso es todo, amigos". Tal vez no.

 
 (*) Artículo rescatado de una publicación on-line, actualmente indisponible y escrito quizás bajo pseudónimo.

 

 

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