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EN EL PRINCIPIO... Escribe: Milton W. Hourcade

 

Las más antiguas tradiciones que conforman el acerbo de Occidente, aunque surgieron en el Oriente, registran el concepto de lo que aconteció al inicio, como algo fundamental. Como el cimiento de todo lo que viene después.

 

El libro de Génesis, por ejemplo, comienza con la expresión hebrea “b’reshit”, que se traduce como en el principio. O sea, en el inicio de todo, al comienzo de todo, cuando surge la idea prístina, limpia, lisa y llana, que se proyectará en acción.

 

Más adelante, en su Evangelio, Juan el Apóstol, busca colocar a sus lectores en la misma perspectiva de Génesis, cuando deliberadamente usa la misma expresión, sólo que en griego: “en arjé”, queriendo significar aquí y así es como principia todo.

 

Entender y considerar el valor y las características del comienzo de algo, es de suma importancia para comprender la identidad y esencia misma de ese algo. Luego podrán venir otras cosas, luego podrán ocurrir desvíos y tergiversaciones. Pero ese algo que estuvo en el principio, tiene que tener prioridad sobre todo lo demás, y debe ser el hilo conductor de nuestro pensamiento.

 

La vida tiene sus ironías y cosas curiosas. Increíblemente, escribí mi más reciente libro, “OVNIs: La Agenda Secreta” en 2000, con una actualización en 2003, que ganara el Premio Zurich otorgado por la Fundación Anomalía de España en 2004, y otra en 2007, que es la versión impresa en Uruguay, en marzo de este año. Pero nunca había llegado a mis manos ni había sabido de la existencia de un libro de 1998, que encontré en la biblioteca pública de mi zona.

 

En esta obra, hallé una descripción de la situación psico-social de los estadounidenses en 1947, cuando va a ocurrir la observación efectuada el 24 de Junio de ese año, por Kenneth Arnold, que tradicionalmente se considera el caso que inició la Ovnilogía.

 

Este principio, este ambiente de cuando comenzó a hablarse de “platillos volantes” es importante, ineludible, y tendría que haber sido el fundamento de todo lo que viniera después. Pero, deliberadamente se le tergiversó.

 

Esto surge de la palabra autorizada de dos académicos que decidieron abordar desde sus respectivas disciplinas, el tema OVNI.

 

Lo que sigue, en primer lugar, es un extracto de los conceptos fundamentales vertidos en el capítulo 9 de su libro, y un análisis de lo que expresan los autores.

 

Este quiere ser un aporte más a la reflexión serena, sensata, acerca del tema OVNI, y resulta una demostración que refuerza las principales conclusiones a las que por nuestra parte hemos llegado, en virtud de nuestra dedicación de décadas a la investigación, estudio y conclusión de denuncias de OVNI, y al análisis y estudio de todo el tema en su conjunto. A ello obviamente, hay que sumar la cantidad de contactos internacionales, de una labor de búsqueda intensa de información mediante entrevistas con técnicos y por la Internet, más la lectura de unos 200 libros sobre OVNIs y temas afines.

 

El libro al que nos referimos se titula: “UFOs & Alien Contact – Two Centuries of Mystery” (OVNIs y Contacto con Alienígenas – Dos Siglos de Misterio”, fue publicado en 1998 por Prometheus Books, en Nueva York, y tiene 408 páginas.

 

Los autores del libro son: Robert E. Bartholomew , investigador en Sociología de la Universidad James Cook en North Queensland, Australia y George S. Howard, profesor de Psicología en la Universidad de Notre Dame, en Indiana, EE.UU.

 

El capítulo 9 del libro se titula: La llegada de la era de los Platillos Volantes”, y tiene como subtítulo; “El Particular Contexto del Temor a los Platillos de 1947”.

 

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Del Capítulo 9 -

 

 

La guerra fría, posterior a la 2a. Guerra Mundial, alimentó una considerable tensión entre Oriente y Occidente, comenzando con la política exterior de intervención de Estados Unidos para detener la expansión del comunismo, lo cual ocurrió primero en Grecia durante 1947. El combate fue limitado, y la mayor parte del conflicto se emprendió a través de maniobras ideológicas, políticas y económicas, pero esto promocionó un miedo al comunismo que resultó en numerosas cacerías de brujas lideradas por el senador estadounidense Joseph McCarthy. Una preocupación aún más grande que la infiltración ideológica comunista en Estados Unidos, fue la posibilidad de que --por primera vez en la historia, pudiera ocurrir una devastadora guerra atómica. Pronto, se construyeron refugios atómicos en cada comunidad estadounidense, y se requirió que las escuelas públicas llevasen a cabo entrenamiento en simulacros de ataque. Es dentro de este marco que tienen lugar las observaciones de platillos volantes de 1947.

 

Durante aproximadamente los últimos cincuenta años la teoría popular más común sobre las denuncias de OVNI implica la existencia de extraterrestres. Sin embargo, dada la forma de pensar de los estadounidenses durante la guerra fría, esta visión no se expresó en el tiempo de la muy publicitada observación de “platillos” hecha por Kenneth Arnold.

 

La obsesión estadounidense con la guerra fría y un posible conflicto atómico se reflejó en las explicaciones de las observaciones. El 15 de agosto de 1947, una encuesta Gallup reveló que el 90 por ciento de los estadounidenses encuestados estaba al tanto de las observaciones de platillos volantes y que la mayoría creía que los responsables eran armas secretas de Estados Unidos o extranjeras, engaños, y globos. Nada se dijo [en la encuesta] acerca de “visitantes alienígenas”, ni siquiera un mensurable 1 por ciento jugó con el concepto.

 

En realidad, Kenneth Arnold hizo público su ahora famosa observación, a pesar del posible ridículo, “por razones patrióticas”, declarando a la Associated Press el 26 de Junio, que él creyó que podían haber sido “misiles guiados”. Durante varias semanas posteriores a la observación de Arnold, el Buró Federal de Investigaciones consideró seriamente la posibilidad de que varios informes estuvieran emanando de agentes soviéticos que estuvieran intentando promover el temor y el pánico diseminando desinformación. Como resultado de ello, según el Boletín Número 42 del FBI, para fines de Julio, se requirió a las oficinas locales del buró que llevaran a cabo verificaciones de antecedentes de testigos de platillos. Esas inquietudes reflejan la preocupación estadounidense por la expansión del comunismo por entonces.

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La noción común de que los platillos volantes representaban un arma secreta de Estados Unidos o extranjera continuó dominando la opinión popular a lo largo de Mayo de 1950, cuando apareció una encuesta en Opinión Pública Trimestral. Del 94 por ciento de los estadounidenses encuestados que habían oído acerca de “platillos volantes”, la mayoría (23 por ciento) consideraba que eran aparatos militares secretos. Sólo el 5 por ciento los ubicó en la categoría de “cometas, estrellas fugaces; algo de otro planeta”.

 

Luego de 1950, la explicación del arma secreta cambió sustancialmente hacia una explicación extraterrestre, y permaneció así desde entonces. La principal razón para este cambio de actitud fue la publicación de varios libros populares y artículos en revistas que argumentaban a favor de la hipótesis extraterrestre. Un libro de gran venta, The Flying Saucers Are Real (1950) [Los Platillos Volantes son Reales] por el Mayor –retirado—de la Infantería de Marina, Donald Keyhoe, es un ejemplo. El libro de Frank Scully, Behind the Flying Saucers (1950) [Detrás de los Platillos Volantes] declaraba que extraterrestres de un platillo que se había estrellado habían sido mantenidos en una instalación militar secreta de Estados Unidos. El libro vendió sesenta mil copias y posteriormente se reveló que era un engaño. En The riddle of the Flying Saucers: Is Another World Watching? (1950), [El Enigma de los Platillos Volantes: ¿Nos está observando otro Mundo?],el escritor sobre temas científicos Gerald Heard declaraba que “abejas” extraterrestres eran responsables por las denuncias de observaciones.

 

Como resultado de esos libros y de los continuados relatos de observaciones en la prensa, aparecieron pronto numerosos artículos en revistas tales como Life, Look, Time, Newsweek, y Popular Science, enfatizando típicamente la hipótesis extraterrestre. Del punto de vista de la literatura popular, es interesante que entre 1947 y Enero 9 de 1950, The Reader’s Guide of Periodical Literature [La Guía del Lector sobre Literatura Periódica] hace una lista de ocho artículos sobre platillos volantes publicados en revistas. Sin embargo, reflejando la creencia popular de ese período, esos artículos fueron colocados en la lista bajo los títulos de “Ilusiones y Alucinaciones”, “Aeronáutica”, “Aeroplanos” y “Globos-Uso en Investigación”. Al comenzar 1952, y continuando hasta el presente, la teoría extraterrestre se solidificó como el motivo dominante de películas y presentaciones de televisión sobre OVNI.

 

El aspecto más significativo de la transición de la creencia de que los platillos volantes eran armas, a la idea de que son naves espaciales extraterrestres, se encuentra en la explicación planteada por los escritores de esos artículos populares: la preocupación sobre el desarrollo de la bomba atómica y el deseo de los alienígenas de ayudar a los terrícolas a sobrevivir un período peligroso. Esta creencia continúa siendo la explicación más favorecida para la persistencia de las denuncias contemporáneas de OVNI.

 

(páginas 191 a 193, leídas el 12 de septiembre de 2007)

 

Análisis de la lectura del capítulo precedente

 

1947 es un año clave en la vida de Estados Unidos. Es cuando, el Ejército del Aire de esa nación, se separa del Ejército, para pasar a constituirse en Fuerza Aérea. Es también, --dado el panorama internacional de confrontación entre el bloque occidental y el soviético— cuando se crea la Agencia Central de Inteligencia.

 

Estos dos aspectos que reflejan la enorme preocupación y el temor que había en Estados Unidos de una infiltración de agentes soviéticos en su sociedad, pero asimismo de un ataque sorpresivo con bombas atómicas, dan razón al surgimiento de las dos organizaciones anteriormente señaladas.

 

Los autores describen muy bien ese panorama en el primer párrafo del capítulo que consideramos.

 

En medio de este contexto, que en manera alguna puede obviarse, ocurre el caso Arnold.

 

Primera constatación, --esta sí de nuestro conocimiento, tal cual lo reflejamos en “OVNIs: La Agenda Secreta”-- dicen los autores:

 

“En realidad, Kenneth Arnold hizo público su ahora famosa observación, a pesar del posible ridículo, “por razones patrióticas”, declarando a la Associated Press el 26 de Junio, que él creyó que podían haber sido “misiles guiados”.

 

Esto de por sí, tira abajo toda explicación de un fenómeno natural para lo que vio el experimentado piloto-aviador. Él mismo creyó estar ante algún tipo de “misiles guiados”, o sea, un producto de tecnología. “Guiados” porque no se trataba de varios misiles cada uno siguiendo una trayectoria diferente o errabunda. Arnold vio un vuelo de nueve objetos encolumnados.

 

Pero más importante aún, es la razón por la cual Arnold denunció su observación. Lo hizo por lo que sintió su deber patriótico como ciudadano. Pensó que tal vez podía ser una incursión enemiga al territorio de su país.

 

Semanas después de la observación de Arnold, en Estados Unidos se siguió escribiendo y hablando de los “platillos volantes”. No pasaba casi un día en que alguien no denunciara que había visto algo extraño en el cielo.

 

Ante esa avalancha de denuncias, el FBI toma cartas en el asunto, bajo una óptica muy especial, pero que encaja perfectamente con el temor y aprensión a los soviéticos, existente entonces. Así, Bartholomew y Howard escriben:

 

“Durante varias semanas posteriores a la observación de Arnold, el Buró Federal de Investigaciones consideró seriamente la posibilidad de que varios informes estuvieran emanando de agentes soviéticos que estuvieran intentando promover el temor y el pánico diseminando desinformación. Como resultado de ello, según el Boletín Número 42 del FBI, para fines de Julio, se requirió a las oficinas locales del buró que llevaran a cabo verificaciones de antecedentes de testigos de platillos. Esas inquietudes reflejan la preocupación estadounidense por la expansión del comunismo por entonces.”

 

Parece increíble, pero el miedo se apoderó hasta de instituciones, y ahí tenemos al FBI indagando los antecedentes de simples personas que denunciaban haber visto un “platillo volante”.

 

Esta especie de paranoia, se aplicó también –nos consta—a quienes integraban instituciones dedicadas a investigar el tema. Por ejemplo, lo hicieron con la Aerial Phenomena Research Organización (APRO) que fue fundada por Jim y Coral Lorenzen, y que era la primera surgida en Estados Unidos.

 

Pero lo más importante no es la sospecha infundada, la caza de brujas, el buscar lo raro donde no lo hay “por si acaso”....sino cuál fue la reacción del pueblo estadounidense al tema “platillos volantes”. ¿Qué pensó entonces la gente? En ese principio, en ese inicio del tema, ¿qué ideas eran las posibles explicaciones para lo que algunas personas decían ver?

 

Los autores informan de ello con gran propiedad:

 

“El 15 de agosto de 1947, una encuesta Gallup reveló que el 90 por ciento de los estadounidenses encuestados estaba al tanto de las observaciones de platillos volantes y que la mayoría creía que los responsables eran armas secretas de Estados Unidos o extranjeras, engaños, y globos. Nada se dijo [en la encuesta] acerca de “visitantes alienígenas”, ni siquiera un mensurable 1 por ciento jugó con el concepto.”

 

Esto es contundente. Nadie, absolutamente nadie, a dos meses del caso Arnold, pensaba ni remotamente en extraterrestres. “Armas secretas de Estados Unidos o extranjeras, engaños y globos”, esas eran las ideas a las que acudían las personas para explicar lo visto en el cielo.

 

Más aún, los autores señalan que esta manera de pensar se mantuvo firme por años. Lo demuestra una encuesta realizada a casi 3 años del caso Arnold, el 15 de Mayo de 1950.

 

Esta encuesta es significativa en dos sentidos: 1) reafirma que el pensamiento mayoritario de los estadounidenses era que los “platillos volantes” eran armas secretas. 2) la encuesta introduce una variante entre las opciones explicativas, al ofrecer la de: “cometas, estrellas fugaces; algo de otro planeta”, a la que se afilia un magro 5% de los encuestados.

 

Esta encuesta realizada el 15 de Mayo de 1950 –importa el año— tantea el ambiente, prueba las aguas.

 

Será a partir de estos resultados, cuando se elabora por los cuadros de inteligencia de varios organismos, una estrategia a fin de cambiar sustancialmente el pensamiento de la población norteamericana. Y para ello, los grandes aliados van a ser los medios de comunicación de masas. Libros, revistas, películas, etc. Es ahí donde se va a canalizar, y se van a ofrecer argumentos a favor de sustentar un origen extraterrestre de los “platillos volantes”.

 

Hay que captar muy claramente la maniobra. Esto no es espontáneo, esto no ocurre porque sí, esto es un esfuerzo deliberado y concertado de imponer una idea en las masas.

 

Los autores lo reflejan con meridiana claridad:

 

“Luego de 1950, la explicación del arma secreta cambió dramáticamente hacia una explicación extraterrestre, y permaneció así desde entonces. La principal razón para este cambio de actitud fue la publicación de varios libros populares y artículos en revistas que argumentaban a favor de la hipótesis extraterrestre.”

 

Los párrafos 6 y 7 del capítulo que transcribimos, no tienen desperdicio alguno. Son totalmente elocuentes del esfuerzo concertado que se llevó adelante. Como consecuencia de ello, los autores afirman:

 

“Al comenzar 1952, y continuando hasta el presente, la teoría extraterrestre se solidificó como el motivo dominante de películas y presentaciones de televisión sobre OVNI.”

 

¿Acaso esto no es una realidad? Sólo la ignorancia de cómo se manejó todo esto desde 1950 en adelante, puede explicar que la gente no se dé cuenta que ha sido y sigue siendo masivamente engañada, desinformada y manipulada.

 

Por eso, sano es analizar todo esto, y encontrar la verdad que hay detrás de las apariencias. Esa agenda secreta, que ha funcionado detrás de los artículos en diarios y revistas, los libros, los seudo-documentales presentados por canales por cable tan aparentemente respetuosos como “Discovery” o el “History Channel”, y las producciones y series de TV así como películas comerciales.

 

La cobertura o tapadera –cover up—de lo extraterrestre, sirvió estupendamente para ocultar experimentos, proyectos y misiones ultra-secretos. Esto tuvo su origen en Estados Unidos, eso es históricamente cierto y sobre ello no puede caber duda alguna.

 

Décadas después, otros países vieron también la veta a aprovechar, y ahí es cuando Estados Unidos decide terminar oficialmente con el tema (1968) aunque se le siga manteniendo vigente al día de hoy, a través de libros, “documentales”, y alguna que otra película comercial. Pero cada vez más esporádicamente, cada vez en menos cantidad, sin la virulenta avalancha de los años 50 y 60.

 

Volver pues al principio, al inicio de todo. Tomar en cuenta las ideas vigentes cuando todo comenzó. Cuando todo era limpio, inocente y bien intencionado. Cuando la reacción de la gente era espontánea, es la clave hermenéutica, interpretativa, para comprender todo el fenómeno, desarrollado a posterior.

 

Luego vendrá la explotación del tema, su deliberada tergiversación, y una campaña masiva, coherente y sostenida por todos los medios, para llevarnos a pensar en lo fantástico, para desarrollar el mito. Y casi todos, debemos confesarlo, fuimos víctimas de esa campaña que nos engulló, engañó y casi hasta convenció.

 

Sólo una labor intensa, desarrollada con perseverancia, y con honestidad intelectual, nos permitió ir adquiriendo por desarrollo propio, los elementos de juicio racionales y adecuados, para empezar a desmoronar los presupuestos del mito, y ver con claridad, la realidad que estaba detrás, oculta, escamoteada.

 

Eso significó partir de una sospecha inicial, y continuar con la aplicación rigurosa de un plan de investigación, estudio, recopilación de documentos, entrevistas con técnicos, y comprender cómo funciona y cuáles son las principales pautas de una sociedad –la estadounidense— que en muchos aspectos, es muy diferente a la uruguaya.

 

Ha sido entonces cuando llegó la hora de la verdad. Cuando sentimos que las mismas razones que fundamentaron nuestra decisión de investigar y estudiar qué era lo que la gente denunciaba ver, nos impulsaban ahora a compartir la verdad encontrada.

 

Y eso hemos hecho.

 

El producto de todo ello, está expuesto en el libro “OVNIs: La Agenda Secreta”.

 

Ahora, consideramos que podemos decir: ¡misión cumplida!.

 

Virginia / Montevideo, Octubre de 2007.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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