TESTAMENTO
I N D I C E
Biografia
La Federacion
El Mito Morazánico
Himno a Morazán
Himno a Centroamericano
¿Fue Culpable?
Sueño Centroamericano
Unico Paladin
Morazán Vive
Primera Dama
Mi Gral. a Solas
El Futuro
Caida y Muerte
Idiario Morazánico
Romance de la Muerte
Recordando al General
Morazán 1792/2004
Morazán
San Salvador, El Salvador
Decendientes
Lic. Miguel Calix Suazo
San Jose: 15 de Septiembre 1842.
Dia del aniversario de la idependencia, cuya integridad he querido mantener. En el nombre del Autor del Universo en cuya religion muero.
Declaro: Que todos los intereses que poseia, mios y de mi esposa los he gastado en dar un gobierno de leyes a Costa Rica, lo mismo que diez yocho mil pesos y sus reditos, que adeudo al Sr. General Pedro Bermudez.
Declaro: Que no he merecido la muerte porque no he cometido mas falta que dar libertad a Costa Rica y procurar la paz a la Republica. De consiguiente, mi muerte es un asesinato tanto mas agravante cuanto que no se me ha juzgado ni oido. Yo no he hecho mas que cumplir los mandatos de la asamblea, en consonancia con mis deseos de reorganizar la Republica.
Protesto que la reunion de soldados que hoy ocasiona mi muerte, la he hecho unicamente para defender el departamento de el Guanacaste perteneciente al Estado, amenazado segun las comunicaciones del Comandante de dicho departamento, por fuerzas del Estado de Nicaragua.
Que si ha cabido en mis deseos el usar despues, de algunas de esas fuerzas para pacificar la Republica, que solo era tomando de aquellos que voluntariamente quisieran marchar, porque jamas se emprende una obra semejante con hombres forzados.
Declaro: Que el asesinato se ha unido la falta de pablabra que me dio el comisionado Espinach, de Cartago, de salvarme la vida.
Declaro: Que mi amor a Centroamerica muere conmigo. Excito a la juventud que es la llamada a dar vida a este pais que dejo con sentimiento por quedar anarquizado. Y deseo que imiten mi ejemplo de morir con firmeza, antes que dejarlo abandonado al desorden en que desgraciadamente hoy se encuentra.
Declaro: Que no tengo enemigs, ni el menor rencor llevo al sepulcro contra mis asesinos, que los perdono y les deseo el mayor bien posible. Muero con el sentimiento de haber causado algunos males a mi pais, aunque con el justo deseo de procurarle el bien; Y este sentimiento se alimenta porque cuando habia rectificado mis opiniones en politica en la carrera de la revolucion, y creia hacerle el bien que me habia prometido para subsanar de este modo aquellas faltas, se me quita la vida injustamente.
El desorden con que escribo, por haberseme dado mas que tres horas de tiempo para morir, me habia hecho olvidar que tengo cuentas con la casa de Mr M. Bennet de resultas del corte de maderas en la Costa del Norte, en las que considero alcanzar una cantidad de diez a doce mil pesos, que pertenecen a mi mujer, en retribucion de las perdidas que ha tenido en sus bienes pertenecientes a la hacienda de Jupuara, y que tengo ademas otras deudas que no ignora el Sr Cruz Lozano.
Quiero que este Testamento se imprima en la parte que tiene relacion con mi muerte y los negocios Publicos.
(f.) Francisco Morazan
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Notas:
Al estampar su firma, se incorpora y vuelve a leer:
"Declaro que mi amor a centroamerica muere conmigo..." "No era Morazan que se iba de la patria, por los agujeros que se inauguraron en su pecho aquella tarde, era la patria la que se iba con el.
Despues...se abalanzaron las tinieblas de una densa noche...de una noche resinosa de dos siglos, que todavia perdura sobre este istmo largo y trasijado como los suspiros de dolor del infortunio."
"Quiero que mis cenizas descansen en el suelo de El Salvador, cuyo pueblo me fue tan adicto."
"En el angulo suroeste de la plaza se coloca de espaldas a un pequeño muro. Rehusa una silla que le ofrecen.
A Villaseqor lo colocan en su silla de espaldas al piquete, sin que el lo advierta pues esta apenas consciente, por una dosis de laudano que le hicieron ingerir para calmarle el dolor de sus dos heridas en el pecho.
Morazan le arregla los cabellos que le caen sobre la frente expresandole: -Querido amigo, la posteridad nos hara justicia. Se persigna: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espiritu Santo.
Pide el mando de la escolta, y abriendose la negra levita, y descubriendose el pecho con ambas manos, yergue su alta y delgada figura, y con voz inalterada como quien da ordenes en una parada militar, manda: -Preparen armas; apunten (corrige una punteria); fue... La ultima silaba es apagada por una descarga cerrada. Villaseñor que recibe el impacto de los plomos en la espalda, se va de bruces. Entre el humo de la polvora, se ve que Morazan alza levemente la cabeza y musita: -Aun estoy.. vivo.
Tomado de: Morazan, Laurel sin Ocaso.
Volumen II, por: Miguel R. Ortega
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