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SEXTA
CRUZADA
El emperador
de Sicilia Federico II Hohenstaufen (1194-1250) hablaba seis idiomas,
entre ellos el árabe, y había estudiado el Corán así como numerosos
tratados de sabios musulmanes. Por sus simpatías hacia el Islam fue
excomulgado tres veces (1227, 1239 y 1245) por los pontífices Gregorio IX
e Inocencio IV bajo los cargos de «islamófilo y arabizante». En 1224 fundó
la Universidad de Nápoles. Hizo traducir a Averroes y consultaba a los
sabios musulmanes de Oriente y Occidente. «La túnica con la cual fue
sepultado, estaba bordada en oro con inscripciones arábigas» (cfr.
Emir Emin Arslan: Los Arabes, Sopena, Buenos Aires, 1943, pág.
102). Al producirse
la sexta cruzada, Federico marchó a Tierra Santa en junio de 1228. El
sultán Malik al-Kamil (m. 1238), sobrino de Saladino, asombrado de hallar
un monarca europeo que entendía el árabe y apreciaba la literatura,
ciencia y filosofía islámicas, hizo una paz favorable con Federico, y el
18 de febrero de 1229 Jerusalén fue entregado al cuidado del emperador
germánico. Al mismo
tiempo, el papa proclamó otra cruzada, esta vez contra Federico; reclutó
un ejército y procedió a atacar las posesiones italianas del emperador.
Federico regresó a Europa en mayo de 1229 para hacer frente a esta amenaza
y derrotó al ejército papal. Un
contemporáneo de Federico y uno de los más célebres Minnesänger
(trovadores) alemanes, el caballero Wolfram von Eschenbach (1165-1220), en
su historia épica Willehalm, describe a los musulmanes que luchan
contra los cruzados bajo el signo de una humanidad entendida generosamente
(cfr. Pierre Ponsoye: El Islam y el Grial. Estudio sobre el esoterismo
del Parzival de Wolfram von Eschenback, Olañeta, Palma de Mallorca,
1998). Los mamelucos salvan el Islam:
las hazañas de Baibars Mamluk es
una palabra árabe que significa «poseído», «gobernado», es decir esclavo
de origen no-musulmán. Los mamelucos, que al principio constituían una
milicia de esclavos provenientes de Turquía y Grecia (unos doce mil),
fueron traídos a Egipto en el siglo XIII por el sultán ayubita As-Salih,
que hizo de ellos una especie de guardia pretoriana, que ayudó a combatir
eficazmente a los cruzados en Palestina.(12) El famoso
héroe Ruknuddín Baibars (1223-1277), apodado al-Bundukdarí ("El
Ballestero"), que luego sería sultán y derrotaría en repetidas ocasiones a
los francos, sería el primer comandante y organizador de la formación
militar de los mamelucos. Su carrera
militar no tiene igual en ninguna época islámica anterior o posterior.
Solamente durante sus diecisiete años de sultanato (1260-1277) realizó
treinta y ocho campañas durante las cuales recorrió cuarenta mil
kilómetros (cfr Robert Irwin: The Middle East in the Middle Ages:
The Early Mamluk Sultanate, 1250-1382, Southern Illinois University
Press, Illinois, 1986. Nueve veces
luchó contra los mongoles, cinco contra los armenios y tres contra los
hashashiyyín ("los Asesinos"). Sólo contra los francos luchó en 21
ocasiones, y salió vencedor en todas. A los cruzados les logró capturar
baluartes considerados inexpugnables, como los castillos de Safed (mar de
Galilea), en 1266, Beaufort de los templarios (a orillas del Litani, sur
del Líbano), en 1268, y el famoso Krak de los Caballeros (al oeste de
Homs, en Siria), en 1271. Además conquistó las ciudades de Arsuf, Cesárea,
Jaffa, Haifa,Torón y Antioquía. En 1270 envió a la flota mameluca a atacar
el puerto chipriota de Limassol en represalia por la ayuda constante de la
dinastía Lusignan (1191-1489) a los baluartes cruzados de Palestina y
Siria. En 1273 destruyó el castillo de los Asesinos en Masyaf (cerca de
Hamah, en Siria), donde residía Sinán (m. 1192), el llamado «Viejo de la
Montaña» (Sheij al-Ÿabal), y su siniestra organización.(13) Su victoria
más importante, sin embargo, fue en el oasis de dunas de Ain Ÿalut ("La
fuente de Goliat"), en la actual localidad palestina de Ein Harod (a mitad
de camino entre Afula y Bet She'an), el 3 de septiembre de 1260. Ese día,
el general Baibars y el sultán Qutuz (g.1259-1260) derrotaron a un
poderosísimo ejército mongol de cincuenta mil hombres y diez mil jinetes
enviado por Hulagú (el nieto de Gengis Jan) al mando de Ketbogha. La
estrategia de los mamelucos fue una copia casi exacta del ardid por el
cual el general cartaginés Aníbal Barca venció a los romanos en Cannas
(agosto, 216 a.C.). La infantería musulmana (unos veinte mil) al mando del
sultán Qutuz Ibn Abdullah aguardó fuera de la vista del enemigo mientras
Baibars y sus doce mil jinetes fingieron hacer un ataque masivo y luego
retrocedieron. Los mongoles persiguieron a lo que se retiraban, sin
percatarse por la rapidez de la acción y la polvareda reinante que eran
conducidos al centro de una pinza que se cerró inexorablemente en el
momento preciso, mientras la caballería mameluca giraba en redondo y
contraatacaba. Ketbogha sucumbió en el combate. Esa finta de Baibars
consiguió el triunfo. Esta batalla
fue una de las más importantes de la historia, comparable a la de
Gaugamela (1 de octubre, 331 a.C.), por la que Alejandro conquistó el
Imperio persa, a la de Hastings (14 de octubre, 1066), por la que
Inglaterra pasó a manos de los normandos, a la de Waterloo (18 de junio,
1815), por la que Napoléon fue definitivamente vencido, o a la del Alamein
(23 de octubre-4 de noviembre, 1942), por la que el Afrika Korps de Rommel
fue frenado y desbandado a las puertas de El Cairo. Dice el medievalista
británico Steven Runciman: «La victoria mameluca salvó al Islam de la
amenaza más peligrosa con que se había enfrentado nunca. Si los mongoles
hubieran penetrado en Egipto no habría quedado ningún estado musulmán
importante en el mundo al este de Marruecos» (S. Runciman: Historia
de las cruzadas, Alianza, Madrid, 1997, vol. III: "El Reino de Acre y
las últimas cruzadas", pág. 289). Es lícito
especular acerca de lo que pudo pasar en Ain Ÿalut si hubieran resultado
los mongoles victoriosos, y sobre todo cómo habría cambiado la historia
del Mediterráneo, y con ella la civilización del Islam, la cual hubiera
prácticamente desaparecido. Recordemos que ya en ese año crucial de 1260,
grandes ciudades musulmanas como Bujará, Samarcanda, Gazni, Herat, Merv,
Nishabur, Hamadán, Tabriz, Mosul, Alepo, Damasco habían sido saqueadas,
casi destruidas y sus habitantes pasados a cuchillo o
violados. Los sabios del
Islam con sus universidades (madrasas). bibliotecas, observatorios,
laboratorios y miles de descubrimientos invalorables atesorados en seis
siglos se perdieron para siempre y fueron barridos del mapa. Solamente en
Bagdad (tomada el 10 de febrero de 1258), los mongoles mataron a no menos
de un millón de musulmanes árabes y persas en cuarenta días, o sea la
mitad de la población: «Un mongol encontró en una calle
lateral a cuarenta niños recién nacidos, cuyas madres estaban muertas.
Como acto de clemencia, los mató, pues pensó que no podrían sobrevivir sin
nadie que los amamantase» (Steven Runciman, Historia de las
Cruzadas. O. cit. Vol. III, págs. 280-281). «Algunos mongoles
—aseguran testigos oculares—, destripaban cadáveres, los llenaban hasta el
tope con alhajas saqueadas y así desaparecían cabalgando, llevando delante
suyo sobre la montura, atravesados, estos espantosos recipientes para el
transporte...El conquistador recién se retiró un rato cuando se hizo
insoportable el olor de los cadáveres al bajar el fresco invernal... Sólo
quedaron intactos los cristianos y las iglesias cristianas. No únicamente
porque las primeras mujeres de Hulagú eran cristianas. Hulagú había
entrado en una gran coalición con los cruzados, por medio del rey
(cristiano) de Armenia, que era suegro del príncipe cruzado Bohemond de
Antioquía» (Rolf Palm, Los árabes. La epopeya del Islam, Javier
Vergara, Buenos Aires, 1980, pág. 331). Paradójicamente, a partir del jan Mahmud Ghazán (g.
1295-1304) —restaurador del Islam en Irán—, los mongoles se harán
paulatinamente musulmanes y tendrán sabios y científicos de la talla de
Ulug Beg (1394-1449) —astrónomo, historiador, teólogo, poeta y mecenas de
las artes—, y políticos y guerreros como Zahiruddín Muhammad Babur
(1483-1530) —fundador de la dinastía mogol de la India musulmana
(1526-1858), que revitalizarán y consolidarán el Islam en el Lejano
Oriente. Baibars
también se destacó como renovador religioso y estadista. Prohibió la
prostitución y las bebidas alcohólicas bajo pena de muerte. En el
campamento de turno y en el palacio de El Cairo o Damasco denunciaba con
su voz potente e imperturbable los males de la época y recomendaba las
soluciones apropiadas. Hizo construir escuelas, hospitales, un estadio de
tamaño olímpico, embalses y canales en el valle del Nilo, cocinas
populares, distribución anual de diez mil bolsas de cereal para
beneficencia, e implementó un servicio postal de cuatro días para una
carta de El Cairo hasta Damasco; eficiencia que hoy día rara vez se
alcanza. La lista de sus obras sociales es casi tan larga como aquélla de
sus empresas militares. Los mamelucos
llevaban siempre encima dos o tres arcos con sus correspondientes cuerdas,
y eran tan estupendos arqueros que cuando tiraban flechas de espaldas, es
decir, al retirarse, éstas eran tan mortales como las que tiraban por
delante (cfr.G. Rex Smith: Medieval Muslim Horsemanship, The
British Library, 1979). El famoso
historiador musulmán tunecino Ibn Jaldún (1332-1406) describe con
precisión uno de los secretos tácticos de estos guerreros temerarios:
«Oímos decir que la técnica de combate de las naciones turcas
contemporáneas [se refiere a potencias militares como los mamelucos
egipcios y sirios, y los epígonos turcomanos de los mongoles en Irak y
Persia] se basa en disparar flechas. Su orden de batalla consiste en
una formación en líneas sucesivas. Desmontan de sus caballos, vacían sus
carcajs en tierra ante sus pies y van disparando las flechas arrodillados
o a gachas. Cada línea protege a la delantera contra los ataques del
enemigo, hasta que uno de los lados alcanza la victoria. Este tipo de
orden de batalla es verdaderamente notable» (cfr. Ibn Jaldún:
Introducción a la historia universal. Al-Muqaddimah, FCE, México,
1977). Gracias a
estas pericias y a una perfeccionada estrategia y disciplina militar, los
mamelucos en menos de treinta años vencieron la doble y terrible amenaza
de cruzados y mongoles. El sultán mameluco Qalawún al-Alfi, que gobernó
entre 1279-90, emprendió una primera ofensiva contra los cristianos,
tomando la fortaleza de Montreal (al-Shawbak). En 1289 logró reconquistar
la importante plaza fuerte de Trípoli, donde perdieron la vida siete mil
soldados francos. Qalawún fue un gran constructor y mandó restaurar las
ciudades de Alepo, Damasco y Baalbak, dañadas por los cruzados. Su hijo y
sucesor al-Jalil (que gobernó entre 1290-93) coronó la obra de sus
antecesores con la toma de la fortaleza de Acre en 1291, después de un
asedio de mes y medio, luchando a brazo partido con los caballeros
templarios que la ocupaban. Guillermo de Clermont, gran maestre de la
orden de San Juan, encontró la muerte cuando luchaba por su hospital. La
gran torre de los templarios fue socavada y se desplomó, enterrando a los
que la defendían. Los cuatro últimos puertos, Tiro, Sidón, Beirut y
Tortosa, fueron evacuados sin combate por los francos, lo cual significó
el fin de las cruzadas. En 1300, los
mongoles ocuparon Damasco y penetraron profundamente en Palestina. Cuando
ya habían llegado a Gaza, puerto de la frontera egipcia, los mamelucos se
recobraron, pasaron a la ofensiva, y en 1303 derrotaron a los invasores en
dos batallas, en Marsh al-Suffar, al sur de la capital siria, y cerca de
Homs, en el valle de Orontes. Es justo y
necesario reivindicar el papel que cupo a los mamelucos en salvaguardar el
territorio de los musulmanes. Sin ellos, el avance de los mongoles (que ya
había destruido el califato de Bagdad en 1258) hubiera sido incontenible y
Egipto, Siria y Palestina hubieran sido totalmente arrasados. Por otra
parte, los mamelucos fueron notables arquitectos. Sus mezquitas y
santuarios embellecieron El Cairo y fijaron un estilo arquitectónico
islámico con características originales que hoy sorprenden gratamente a
los estudiosos (cfr. Henri y Ann Stierlin: Splendours of an Islamic
Civilization. The Eventful Reign of the
Mamluks, Tauris Parke Books,
Londres/Nueva York, 1997; Henri Stierlin: Islam. Volume II: From the
Mamluks of Cairo to the Nasrids of Granada, Taschen, Köln,
1998.
12Los esclavos
que componían la institución mameluca dominante habían llegado a Egipto y
Siria en calidad de paganos, llevados por venecianos y genoveses y otros
mercaderes para ser vendidos allí. El apodo del sultán Qala'ún al-Alfi (g.
1279-1290) suele interpretarse por el hecho de que había costado mil
(alf) dinares, mientras que el gran Baibars, azote de cruzados y
mongoles, sólo se pagaron cuarenta dinares, porque tenía un defecto en un
ojo. Los jóvenes mamelucos que compraban los sultanes ayubíes recibían una
concienzuda educación islámica y buena preparación militar en colegios
especiales de El Cairo, y cuando, al cabo de de varios años, salían de
ellos completamente transformados, se enrolaban en el cuerpo de los
mamelucos reales y recibían la libertad, caballos y el equipamiento
debido, además de una tenencia de tierra que les permitía vivir
independientemente. En su mejor momento, el soldado mameluco de caballería
era notable por su pericia ecuestre y por su habilidad en el manejo de las
armas, en particular el arco y la lanza. Las tropas mamelucas mantenían su
alto nivel de manejo de armas con prácticas, entrenamientos y ejercicios
en varios terrenos especialmente acotados que había en torno a el Cairo, y
la literatura que ha llegado hasta nosotros sobre estos «ejercicios
caballerescos» (furusiyya) nos da descripciones detalladas de los
procedimientos a seguir, junto con útiles ilustraciones del equipamiento a
usar. Había ejercicios coordinados de caballería y juego de polo y
esgrima, de lucha libre y de arquería. Conviene también mencionar en este
punto la importancia que tuvieron los períodos ayubí y mameluco en el
desarrollo de la heráldica. Durante estos períodos, los grandes emires
usaban blasones que el sultán les había concedido a título individual. Las
palabras árabes con que se designaban estos blasones eran rank
(derivada de una palabra persa: rang, que significa "color" y que
originó el término "rango" como expresión de jerarquía —en inglés se dice
rank) y shi'ar, que quiere decir «emblema». Estas divisas parecen
tener origen en los cargos de la casa o la administración del sultán que
ostentaban esos emires; así, por ejemplo, el maestre de polo ostentaba
palos de polo, etc. A mediados del siglo XIV, un monje irlandés viajero,
émulo de San Brendan (486-578), presenció en El Cairo un gigantesco
partido de polo jugado por seiscientos caballeros mamelucos (trescientos
por bando) que era muy similar al (hurling) que «jugaban los pastores
en los países cristianos con una bola y un palo curvo, excepto que el
sultán y sus nobles nunca golpeaban la bola a menos que estuvieran
montados a caballo... Esto provocaba que muchos caballos y caballeros
quedasen incapacitados para el servicio activo en el futuro». El
sultán Aibak (g. 1250-1257), esposo de Shaÿar ad-Durr (1217-1257), era un
entusiasta
y formidable jugador de polo. 13 Los nizaríes
fueron una rama de la secta ismailí. Partidarios de Nizar, uno de los
hijos del califa fatimí al-Mustansir (g.1038-1094) se convirtieron en
disidentes y enemigos de los fatimíes, ayubíes y mamelucos. Tuvieron
cierto desarrollo en Egipto, Siria e Irán entre los siglos XI y XIII. De
su seno surgió un movimiento conocido en Occidente como los «Asesinos» (en
árabe hashashíyyín "drogados de hachís"), que tomarían dos
fortalezas convirtiéndolas en sus bases operacionales, una en Alamut, en
las montañas del norte de Irán, en 1090, y otra en Masyaf, cerca de Hamah,
Siria, en el siglo XII. Su objetivo era eliminar a las principales
personalidades religiosas, militares y políticas musulmanas o conseguir
dinero de ellas a cambio de «protección». Esta verdadera maffia fue
combatiza tenazmente por el sultán Saladino y sus sucesores. Alamut fue
conquistada por los mongoles de Hulagú en 1256 quienes, paradójicamente,
liberaron al gran sabio y astrónomo Nasiruddín at-Tusí (1201-1274) de la
escuela shií que se hallaba prisionero en las mazmorras de esos
criminales. No confundirlos con los nusairíes, otro grupo sincrético
escindido del ismailismo, fundado en Irak por Muhammad Ibn Nusair en
859. “El único
deber que tenemos con la Historia es el de escribirla de
nuevo” Oscar
Wilde
Última
actualización: 7/Abril/2003 | |||