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Ser tan sólo ventana

Editorial Rocamador. Palencia (1986).

 

 

A todos los que persiguen mariposas quizá inexistentes,

aquellos que buscan sin gritos lo difícil de hallar

 


Introducción

Se trata del único libro de poesía publicado por Carlos M. Pérez-Accino. Reúne un conjunto de poemas de diversas épocas seleccionados por el mismo autor. El título, tomado de uno de éstos poemas, quiere ser emblemático y a la vez expresivo de su trayectoria vital y literaria. Ventana abierta a una realidad circundante pero a la vez elemento distanciador de la misma a través de una consideración profundamente estética de lo que esa realidad presenta. El conjunto de obras se presenta así como un autorretrato del hombre y de aquello que le ha rodeado en su existencia, su familia, sus amigos y sus creencias.


Contenido

 

 

LO DE FUERA

 

 

EL ANGELUS

 

El aire 
iba en ondas de graves campanadas. 
   
Dentro del convento gótico 
la música gregoriana entreverada de incienso 
ascendía a la parte alta 
de la bóveda y la piedra 
con devoción la empapaba.
 
Mientras, fuera, en una grieta 
de la ennegrecida tapia, 
callada y sencillamente 
la pequeña flor, estaba
                  
                  
                  						
A UNA HOJA                           
                              
Hoja verde, o azul,
quizá violada o amarilla.
                              
¿Sólo luz de sí misma prisionera?
Mancha de Dios, entidad desbordada
de la línea y el tiempo.
                              
Hoja ceniza o célula, hoja leño.
                              
Gota de eternidad
en la rotunda gravidez del tiesto.              
                     
                     
                     
                     
PIEDRAS MEDITERRÁNEAS
   
   
Sobre la arena seca
las cuatro piedras.
      
Una de más tamaño
color de rosa,
otra color ladrillo
con blancas vetas,
otra gris claro y otra
lo mismo que la primera,
también rosada pero más vieja.
      
Llorando arenas
y nostalgias de agua,
saturadas de versos latinos,
las cuatro piedras sueñan
al almirante Roger de Lauria.
                                 
                  
                  
MONASTERIO DE PIEDRA
      
                           
Dios líquido y Dios sol
y Dios mosaico vegetal
cubriendo pardas rocas.
                              
Fragor-canción del agua fugitiva
en busca de la entrada de la tierra
sobre lechos de peñas desgastadas,
lanzándose impaciente a la caída
ansiosa de las bodas
violentas con las piedras
que romperán abajo
en millones de gotas
su cristal de doncella.
                              
Desde la oscura gruta
tapizada de musgos y de sombras
la húmeda roca admira
el pasmoso trasluz de la paloma
que sale hacia las nubes bordeando
el desplome sin fin de la cascada.
                              
Y allí abajo, ya calma,
ya rumor inaudible,
el agua besa los verdes helechos
como a hijos que deja en su camino
hacia la mar y el cielo.
                              
Dios remanso y Dios paz y Dios silencio.
               
               
                              
               Contenido
               
                              
               

 

EN "MI" MENOR         
                        

         
         
               		
OTOÑO
               
               
¿Habéis visto las hojas del otoño,
amarillo de vida serenada?
               
Yo he sido un poco otoño desde siempre.
               
Hay momentos fugaces en mi alma
de tranquila belleza
en que todo se para, se remansa,
y respiro la esencia de mi mismo
en las cosas de fuera enajenada.
               
¡Quien fuera siempre otoño!,
un otoño que nunca se acabara,
un descansar en la claridad de fuera.
               
Ser tan sólo impresión, sólo mirada,
cera virgen, castillo sin almenas.
               
Ser tan sólo ventana.
               
               
               
               
MÁS ALLÁ
               
               
Dejadme dentro de esta paz de ahora,
de este desposeerme de mí mismo
disolviendo mi nombre entre las
hierbas del camino.
               
No me saquéis de aquí, oh mis hermanos,
no me expulséis de fuera de mis huesos,
respetad el instante milagroso escapada del tiempo.
               
No turbéis esta calma que hay afuera.
Anonadaos, salid a contemplarla
de puntillas, desnudos...
               
Vais en busca de un estado de gracia.
               
               
               
               
AMOR
               
               
Donde se pare el tiempo,
donde no haya un mañana ni un ayer.
               
Donde nunca nos mueve un porque ha sido
ni un ha de ser.
               
Donde la flor sea flor y el ave, ave
donde todo sea ahora, ahora y porque es,
y Dios sea siempre Dios.
               
Donde tú y yo seamos dos realidades
casi imposibles en el acontecer.
               
Donde el amor no sea nunca explicable,
ven.
               
               
               
    
LIBRES
               
               
No condenéis, ya fuisteis advertidos.
No congeléis los pájaros de oro
en cuyas cristalinas trayectorias
bebe el alma su viento necesario.
               
No resequéis las fuentes de esperanza,
no las ceguéis con barro resentido ni
remováis los posos
que puedan enturbiar sus aguas vivas.
               
Evitad la metálica ortodoxia
de la forma, la mezquina atadura
que traba el vuelo eternamente virgen
y agusana otra vez la mariposa.
               
No sujetéis la luz que fue hecha libre
y que sólo al final será juzgada por la Luz,
no segreguéis tinieblas
de negatividades sin espacio.
               
Desechad toda brida que amordace
con hálitos de miedo la ilusión
que hacia arriba nos proyecta.
               
No destruyáis a Dios.
	
               
               
LO OTRO	
               
               
No te engañes, no encontrarás nunca en las cosas
nada que no hayas puesto.
               
Las cosas, las personas, son espejos,
pero espejos de estado o de agua viva
muertos de rigidez o enturbiados de cieno.
               
Y una vez de metal será tu imagen
despiadada y sutil como el acero,
y tú no querrás verlo,
no querrás ver los ángulos sin alma
cortantes hacia dentro.
               
Otra vez será de agua tu figura
distorsionada por el humano viento,
oscura por el barro que pusiste
sin apenas saberlo,
pero caliente y móvil porque en ella
sí pusiste tu aliento.
               
Y allí querrás mirar
con ansia y tu tormento
será casi entreverte,
bracear entre nubes removiendo
la cenagosa imagen que persigues
y te seguirá huyendo.
               
En todo lo que miras te contemplas,
inerte y lineal o deformado
como una discontinua melodía
manchada de silencios.
                        
               
NO LO PIDAS
               
               
Pide todo al buen Dios
menos el entender las cosas
demasiado.
               
Y si aún sin pedirlo
sientes llegar a ti
el intuitivo soplo
no lo escuches.
               
Esa brisa divina
excederá tu alma
y serás desbordado,
disolverá tus límites
y ya no serás tú,
sino un. impulso,
una rota parábola,
un anhelo
sin fin y sin coherencia
que cegará tu mente.
               
Estarás dentro y fuera,
serás vidente y ciego,
un molusco sin valvas
con vocación de cimas
o de abismos.
               
No lo pidas.
No sea que te concedan
el conocer las cosas demasiado.
               
Serías un poco Dios
y tú eres hombre.
Sólo Uno fue mezcla de ambas cosas,
¿lo recuerdas?
               
A falta de verdugos
te crucificarías tú mismo.
               
               
               
   
HUMANA PARED
               
               
Eres límite liquido, imposible
y denso muro de verticales aguas,
despiadada frontera engañadora.
               
Tiendo hacia ti mi mano y siento en ella
tu tacto de mercurio, tu absurdo no caer,
tu acariciante a veces recortar el mundo.
               
Pareces débil porque no rechaza
con violencia tu líquida ceniza,
porque embebes en ti con tu blandura
aparente los vientos de la vida.
               
Todo lo acoge tu porosa y ávida
consistencia de linfas movedizas.
Nunca rebosas nada, nunca cedes
a tu través la luminosa línea.
               
No es tu alma de piedra ni de acero,
no es posible quebrarte o estrellarse.
               
El viento no te seca ni te agrieta
porque ignoras el viento
muriéndolo en tus aguas verticales.
               
Para cortar o reflejar el viento
hay que tener el alma de diamante.
Y tú la tienes de agua.
               
Dios te ha hecho
para que tu dintel de algas
lo pasen solamente los muertos.
               
               
               
AÚN
               
               
¡Ah, detén la mano
con espada de sombra y luz armada!
Tu arma de perfiles fratricidas.
               
Demora tu canción, pálido hermano,
tu nana de beleño
que ha de llevarnos hasta el dintel de arenas,
al final contraluz.
               
Tengo aún mucho que amar,
ángel de muerte,
no he perdido mi túnica de albas
y queda un eslabón de mi cadena.
               
Aún Dios me aguarda.
               
               
               
               
CLOWN
                        
            
Soy como un clown grotesco, respetadme
la enharinada pista en la que muero.
               
Las despiadadas luces de mercurio
me separan de ellos, de los otros,
con niebla blanquecina.
               
La realidad está allí y envuelta en risas de
un desacompasado coro griego.
               
En su corcel de luna, la ecuyère
con su curva sonrisa va envolviendo
una vez y otra vez mis bermellones
y mis ocres, mis sedas y mis sueños.
               
Y yo actuó y actúo y río y río,
porque yo sólo soy chafarrinones,
un empolvado rostro y un reflejo.
               
La pista es la mentira, pero es bella.
               
Cada noche en el viejo camerino
al caer los afeites me contemplo
pálido y agotado; no soy eso,
eso sólo es mi espectro.
               
Soy el otro, el payaso de colores
del que un día se dirá que ha muerto
en la pista
mirando a la ecuyère
con pintada sonrisa.
               
               
               
EL POEMA NO ESCRITO
               
               
Como un callar de cantares,
como el eco presentido
de las viejas catedrales.
               
Algo como una caricia
que se quedase en el aire 
temblando, porque naciera 
sin ir dirigida a nadie.
               
Sólo un nebuloso ensueño
y un no querer despertarse.
               
Bello y libre, sin fronteras
materiales, como un ángel.
               
Lo veo, lo llevo en la sangre
casi sin saberlo. Lo oigo
como un callar de cantares.
               
               
               
A UN PÁJARO DE UN MOSAICO
               
               
Dame la melodía de tu suave
colorido, tu casi ingravidez,
tu azul surcado entre ángeles rientes,
tu orgía de cielo.
               
Toma esta mano y llévame a los aires
sin aire donde todo es puro y bello,
a las regiones donde no se piensa.
               
Dale a mi torpe afán tu generosa
ignorancia del tiempo y el espacio,
la lección infinita de tu canto
evadido de notas, siempre recién nacido.
               
Dame tu no dudar, tu decidido
descansar en el Dios que te ha creado,
tu belleza y tu luz, ese rocío
que alguien puso en tus plumas con sus manos.
               
               
               
ENSUEÑO
               
               
...y me vi en un espejo deslustrado
que devolvía una imagen
fantasmal, inconcreta...
               
Un holocausto de puntos definidos
que diluía la línea
desvistiendo la esencia...
               
Ya despierto pensé ¿así será el final?
               
Un espeso silencio jugueteó conmigo a ser respuesta.
               
               
               
               
BUSQUEDA
               
               
Como en un carrusel
que fuese absurdamente rectilíneo
               
Andas tras un ángel que siempre se te aleja,
que nunca ves que pueda coincidir contigo.
               
Vas en busca de algo que se escapa
una vez y otra vez en tu camino
de brumas y de tierra, y lo persigues
sin saber qué persigues.
               
Yo te digo:
               
A ti mismo te buscas,
te buscas a ti mismo
en el mar y en el bosque,
en el niño,
en los muslos suaves,
en el sueño y el mito.
               
Todos son como espejos
en donde ves el rostro
de un yo completo pero siempre huidizo
que sientes necesario como si alguien
te lo hubiese en el alba prometido.
               
Y en tus manos no queda más que sangre
y fragmentos de vidrio,
porque el ángel que buscas sólo existe
en lo profundo de tu propio abismo.
               
Búscalo en tus adentros y despierta
su silencio de pájaro dormido.
               
               
               
               
LAS SIRENAS
               
               
Nos han robado siempre a las sirenas.
               
Yo he soñado el asombro
de sus breves cabellos blanquiverdes
como espuma de luna no madura
aureolando su rostro,
el frescor de su boca humedecida
por el deseo remoto,
la bella concha de sus suaves senos
ávidos y redondos,
y sus hombros antiguos,
y sus hojos
de jade ennoblecido
veteado de oro.
               
Yo he ceñido sonámbulo
el cóncavo esperar de sus cinturas,
límites viejos de sus destinos rotos.
               
Y he sentido el llorar de sus entrañas
como un pagano coro
plañidero de muertas trayectorias.
               
Las sirenas son una semivida
de poemas tendidos hacia un todo.
               
               
               
               
LA SEÑORA MALVA
               
               
No tiene alas la señora malva,
ni rodillas, ni senos.
               
Un amplia veste de campanas rotas
desciende grácil sobre un vasto sueño
de flores no nacidas, sobre un largo
e insomne repetir de nacimientos
que anulan su sentido.
               
En su rostro ignorador de tiempos
sólo hay una mirada equidistante
de horizontes inmensos.
               
No tiene alas la señora malva
con que rozar un día nuestras sienes
en silente señal de seguimiento.
               
Su sonrisa es de agua, de agua tibia
y bautismal, de leño
en las ascuas de Dios enmadrecido,
de cóncavos remansos
y atardeceres neutros.
               
Y un día entre los días inconsecuentes
notaremos el aroma imposible,
el sabor a heliotropos de su aliento.
               
Ese día estaremos ya muertos.
               
               
               
               
DEPRESIÓN
               
               
Me siento a veces como huésped triste
de una ciudad extraña
sin farolas ni fuentes para mi.
               
Una turbia ciudad en que los novios
se besan en mi nombre
y los niños jugando me traspasan
sin mirarme ni verme
con sus ojos de miel y porcelana
               
Náufrago entre catedrales, ni siquiera
me atrevo a dar mi grito
por temor a no oírme.
               
Veleta inmóvil con sus vientos rotos.
               
Me siento a veces como el agua ida,
sin retorno, del río
que cansado no añora el viejo cauce
ni los juncos
que ondearon suaves a su paso.
               
En la noche no existen las estrellas
creadoras de caminos.
               
Soy entonces como un hueco en la luz,
como un anhelo
muerto antes de nacer,
como un fantasma 
de algo que nunca ha sido,
como una sombra gris, desalentada,
que ni siquiera inquiere sus contornos.
               
Un huésped triste de una ciudad extraña
llena de los demás,
en la que ni siquiera busco
las huellas de mi mismo.
         
         
         
           Contenido

         
         
         
         
MI  ORACIÓN ES ASÍ

         
         
PLEGARIA
               
               
Permite que te encuentre.
               
Anula mi soberbia
y aún la razón si es que ella es un obstáculo.
               
No me dejes vagar por esa noche
sin paredes, por esa inútil noche
delirante y extraña como el cuerpo
de una sierpe que no tuviera término.
               
¡Oh Señor, permite que te encuentre!
               
Hazme verte en la luz y en la montaña,
en el grandioso cosmos centelleante,
en todo ser humano.
               
Haz que en mí tu presencia sea un encuentro
por siempre renovado,
y te vea en la bondad, y en el pecado
como en un negativo por tu ausencia.
               
¡Señor, Señor, permite que te encuentre!
               
               
               
VOCAClÓN
    
La fuente de este mundo era pequeña
para la sed inmensa de su alma.
               
Y voló. Nos dejó por un espacio
de infinita y luminosa calma,
un espacio que nada delimita,
un océano sin viejas coordenadas.
               
Es triste y natural al mismo tiempo,
el mundo es una jaula
inhabitable para aquel que siente
la divina nostalgia.
               
No se puede volar entre paredes
y ella tenía una ambición alada.
               
No, no es posible retener a un ángel
clavándole las alas.
               
               
LO ABSOLUTO
               
No, no hay nada total entre tus manos,
sólo escalas sin fin y sin origen
como locos peldaños rebelados
a su gradual esencia sucesoria.
               
Un exceso de amor mal entendido,
un escalón de más, quizá lo hiere
y lo hace descender, como un dibujo
demasiado perfecto o un poema
desnudo de misterio.
               
Pocas cosas tan bellas como el fuego
porque sus formas son siempre irrepetibles,
o las nubes, oníricas vestales
distintas en su beso a cada amante.
               
Todavía, tal vez nunca, aprenderemos
a no morir en la monotonía del poco
eludiendo el suicidio del exceso,
a sentarnos tranquilos en la noria
               
de matices que integra nuestra vIda
y a no matarlos, vivirlos plenamente
sin geométricas ansias de conquista.
Serán, nuestros cuanto sean más libres.
               
Nada es suma de nada. Simplemente
las cosas se apuntalan a sí mismas en
círculos que nunca romperemos
con estas ciegas manos de ceniza.
               
Porque nunca parece que sabremos
en, nuestra jaula esférica de alambre
si al dar un paso lo estamos avanzando
o desde el cénit lo estamos descendiendo.
   
Y a veces nuestra túnica de angustias
va dejando jirones de piel viva
en la cóncava urdimbre de imposibles
que nuestra sed limita.
               
Cuantas veces las almas desfondadas,
los nudillos sangrantes, el intento
de entreabrir a empujones unas puertas
que ignoramos
si suavemente se abren hacia dentro.
               
Más, si esto es así, si no sabemos
como ascender o qué es ascender,
si no podemos
trascender nuestros muros
¿como Lo encontraremos?
               
Tal vez rompa Él la curva y nos espere
en un azul tangente.
               
Quizá es el mismo centro de la noria
y no hay esfera alámbrica
y sólo nos retiene
en la curva la atracción de ese Centro
que nos reclama siempre
y en el que, rotos de nosotros mismos,
agotados y mudos,
hundiremos el alma en una entrega final
a lo Absoluto.

         
         
LA RAZÓN
                            
Te hemos negado, Señor, y te negamos
divinizando la herramienta misma
que hemos recibido de tus manos.
               
Esa pobre linterna agonizante
con la que iluminar nuestras paredes.
               
Ese mínimo foco, esa penumbra
con vocación de estrella que locos dirigimos
aquí o allá contra el espeso muro
y el muro nos devuelve.
               
-Nada hay tras las piedras, nada existe
pues no lo puedo ver- dice la angustia
una vez y otra vez
aplastando sus pálpitos de sangre,
castrando su ansia contra la pared.
               
Somos como el herrero miope
que sólo ve el martillo que le han dado
y se postra ante él.
               
Nuestra razón bioquímica y muriente
es un ángel con alas mutiladas
al que hemos endiosado.
               
Y Dios no puede ser
un ídolo cruel e inalcanzable
distanciado deliberadamente,
ni el hijo de la ciega invalidez.
               
Las paredes de piedra sangre y cieno
no pueden ser -no son- infranqueables.
Son espejos en un sólo sentido
que nos reflejan sucios e impotentes.
Hay que esperar la Luz que desde fuera
nos llegue y aceptemos
ya vencidos,
dulcemente cegados
por algo presentido
que hoy en vano persigue nuestra mente.
               
               
               
               
VILLANCICO DEL SOÑADOR
               
               
Quisiera tener la luna
que no es Luna,
sólo su color de plata
-que no es-
para llevárselo al Niño.
               
-Tú -le diría-, que eres
el que Eres,
acepta mi fantasía.
               
No tengo nada mejor.
La mirra, el oro, el incienso 
son más belIos en los sueños.
               
No se lo cuentes a los pastores
que se reirían.
               
Déjame creer que mientras Te esperaba
también soñaba María.
               
               
               
         
VILLANCICO DE LOS POETAS
               
               
La zambomba y el pandero
 cantan la gloria que nace
y morirá en un madero.
La zambomba y el pandero.
               
El pandero y el rabel
hacen temblar las llanuras
asombradas de Israel.
El pandero y el rabel.
               
El rabel y los pastores
acunan el leve sueño
del Señor de los señores.
El rabel y los pastores.
               
¿Y los poetas, Señor?
               
Los poetas -los profetas- 
aquellos que te soñaron.
               
ven ya la cruz en tu hombro
y están mudos
de amor, de luz y de asombro.
    
                              
           
                 Contenido
               
         
         
         
         LOS  MÍOS         
A MI MADRE
              
               
Ese primer amor, ese aleteo,
ese rumor quebrado en la garganta,
ahogado entre candores,
ese estreno del alma
               
Esa marca imborrable
sobre la cera virgen que un día fuimos,
esa inscripción apenas arañada
sobre la piel del joven eucalipto
que los años harán grande y profunda,
esa emoción de niño.
               
Esa entrañable herida perfumada
que llevaré conmigo hasta que muera... 
               
Cuando el ya viejo leño de mi vida
se queme en ignorada chimenea
lo último en arder
será tu huella.
               
A MI MUJER
               
               
Solo quiero escuchar tu silencio,
beber tu aliento, contemplar tu boca,
hundir mis dedos en tu rubio pelo.
               
Contar a los ángeles tu risa,
tu sonrisa de ángel, tan humano,
tan mío a veces...
               
No me digas tú nada,
déjame respirar lo inexpresable.
               
Unos ojos brillantes, entregados,
vidriándose al amor bajo mis besos,
¿qué se puede decir que exprese tanto?
               
No me digas tú nada,
sólo quiero
escuchar tu silencio.
               
         
         
         
A MI MUJER TAMBIÉN
                       
            
Yo respiro tu amor. Yo lo respiro
de una forma inconsciente,
como el aire sin el que no vivimos.
               
Estoy en él inmerso,
es ya mi ámbito vital, yo mismo.
               
Eres mi propio yo continuado,
mi propia rebeldía, mi propia angustia,
mi propia ansia de luz en el camino.
               
Y a veces necesito separarme
para poder amarte desde fuera,
para poder amar a un ser distinto.
               
Quizá nunca lo entiendas.
               
               
               
CONCEPCIÓN
               
               
Yo he cogido del éter una nota
que vibraba en la nada sin olvido
de un azul sin color ni dimensiones,
sin razones, sin  causa, sin destino
               
Una nota que era y que no era
al mismo tiempo, un bello y cristalino
poder ser sin aristas mensurables,
un hálito de luz oscurecido.
               
Y esa nota hizo eco en la presencia
de otras muchas del cántico divino
que acompaña con átomos de oro
nuestro cosmos y engendra su camino.
               
Y aquella tiniebla, iluminada,
aquella nada o Dios a mi albedrío
rompió su nebulosa y tuvo origen,
tuvo causa y razón..., tiene Destino.
               
               
               
A UN HIJO
               
               
Escúchame gigante,
sé que seré incapaz de hacer palabras
lo que quiero decirte.
               
Has salido de mí sin darme cuenta
como una sombra de mi cuerpo mismo
y hoy devoro el asombro de encontrarme
en tantas cosas tuyas...
               
Trascendido,
me invade el estupor de ver la rama
emergiendo del tronco hacia lo alto.
               
Ya somos dos a intercambiar las sombras,
pero la tuya es densa y yo bendigo
esa su imagen nítida
proyectándose audaz en el camino.
               
Con rapidez y fuerza torrenciales
tu agua joven de mi viejo río
va creando su cauce. Yo quisiera
escarbar con mis uñas en su fondo
en mi impaciencia de crecer contigo,
cementar con mis piedras sus ribazos
para evitar desvíos
de su firme caudal en la llanura.
               
Infíltrate en los prados colindantes
que te darán su aroma, apóyate en los juncos
que creará tu humedad, pero no cedas
ante la tentación de otros destinos,               
a la bifurcación de tus impulsos.
   
Sé primero afluente y luego río
que camina hacia el mar serenamente,
no avaro de sus aguas
siempre fertilizantes, pero fiel al mandato
personalizador de su vertiente.
               
Cuando vislumbres el último declive
y el océano a tus pies será la hora
de convertirte en delta,
               
de dividir tu cauce caudaloso
y fecundo para entrar en el mar justificado,
rico y seco, corpulento y desnudo.
               
               
               
A MI NIETO
               
               
¿Qué nos traes en los ojos
mínimo embajador de azules densos?
¿Donde te los llenaron de imposibles
océanos serenos?
               
Saturado de soles diminutos
vienes junto a nosotros
que estamos en la sombra y no sabemos
porque hemos socavado con la vida
la plenitud aquella que nos dieron.
               
Lleno de la Palabra,
poseedor del misterio,
acudes a ocupar con tu presencia
el milagroso hueco
que ya te preexistía en nuestras conciencias
de humanos inconcretos.
               
No vienes a aprender sino a enseñarnos
la canción y la danza de los vientos,
el rumor de lo oculto,
el centelleo sin luces de lo ciego...
               
Vienes a recordarnos
que fuimos como tú y un día perdimos
la gracia del saber sin pensamiento,
de lo bello sin líneas,
de la grandiosa sinfonía sin tiempo...
               
Asombra verte a tu llegada al mundo
tan grande y tan pequeño.
               
               
               
CIRUJANO DE LUCES               
(A Antonio Alemán, oftalmólogo)
               
               
Taumaturgo de albas maniatadas,
cireneo de ventanas renacidas
en el silencio grave de tus pulsos;
hacedor de mañanas.
               
Albacea de claridades heredadas
a tu través, imposible arquitecto
de imágenes, constructor de soñados
tragaluces del alma.
               
La sierpe de la sombra innominada
se somete y disuelve entre tus dedos
redentores, como una espiral noche
tangenciada.
               
Cuando el tiempo devore sus minutos
y no sea tiempo ya, cuando la triste
armadura pierda sus minerales
rigideces y acabes de ser libre,
               
Dios te dará la luz que tantas veces
hiciste tú posible.
               
               
         
         Contenido        

         
         
         
         
         
         LA SOMBRA PERDIDA         
En tu mesa, el antiguo calendario
que a diaria tocabas
se ha quedado parado en ese día.
               
Ya todo en ti es presente, ya no pasa
la procesión pausada de tu vida.
               
Ya estás fuera del tiempo y de la angustia
que me dejas a mí para que siga
pasando entre mis dedos el rosario
de tus horas, que ahora son sólo mías.
               
Ya es todo luz en ti. Ya es todo ahora.
Ya no tienes deseos ni añoranzas,
ya es todo plenitud, camino hecho,
trascendencia cumplida, todo Gracia.
               
Dile a Dios, cuyo rostro aquí no vemos,
que sólo a El podíamos con calma entregarte,
que sólo a su ternura cedemos tu custodia apasionada.
   
   
   
   
(Recordando su temor a las tinieblas)
                    
    	
Y un día de repente
-todas las cosas ocurren de repente-
me encontraré que he muerto.
               
Y no sabré qué sea que yo ignore
que es lo mismo que saberlo todo.
               
Y no sabré si existo
porque no existirá la inexistencia.
               
Y no tendré ya manos, pues ¿qué acariciarían?
Mis labios serán huellas de otros labios.
Mis huesos imposible arquitectura.
               
Y, sobre todo, ya no tendré estos ojos,
razón y sed de estrellas,
porque estas ya no tendrán contornos
y estarán diluidas
en una luz sin luz pues no habrá sombras;
en una claridad sin ser ni nombre
que compenetrará nuestras fronteras
y que respiraremos sin pulmones,
veremos sin pupilas
y sentiremos como un beso de arenas
sobre una piel común e inacabable.
               
Un beso azul e inmenso,
sin espacio en el tiempo, infinito,
porque será anterior a las palabras
y a los conceptos mismos.
               
Será un poema que nadie creara,
anterior al principio. Un vuelo inmóvil.
Pero será esa luz que tanto amabas.
                     
Se ha roto el tronco que me sostenía,
que me unía a la tierra.
               
Ahora he de hundir en ella mis raíces,
sostener por mí mismo la enramada
en que cantan los pájaros.
               
Tengo que endurecer, hacer leñosos
a muchos de mis tallos
para que puedan perforar el suelo
buscando lo que antes se me daba.
               
Ya no puedo apoyarme confiado,
he de ser yo el respaldo de otras ramas,
el canal de la savia hacia una altura
por siempre renovada.
               
He de ver las estrellas pero al tiempo
embarrar esas ramas,
absorber la materia cenagosa
y en esencia de vida trasformarla.
               
He de empapar las gotas de rocío
negándome el descanso de unas lágrimas
que no debo verter.
               
Dame, Señor, valor para lograrlo,
dame un poco de sombra
de ese tronco que me has arrebatado.
 
               
               
         
¡Cuánto te hubiera dicho muchas veces
y algo no me dejó decirlo!
               
Algo denso que pone en la garganta
timideces de niño.
               
Pero tú ya lo sabes. Lo sabías
porque tú eras lo mismo.
               
         
              Contenido   

         
         
         
         
         
         
         GALERÍA
A LA PINTURA DE PEYROT
               
               
A través de la línea y el volumen.
               
Allí donde se acaban nuestros ritos
y toda la liturgia que es posible
se ha vuelto invocación.
               
Allí donde la ausencia es una esencia
tan anímicamente presentida
que rompe los parámetros formales
de los que nace virgen y desnuda
como un milagro de creación primera.
               
Donde un hueco intuitivo prefigura
ese escalón final adivinado
en onírica escala, ese edificio
fantasmal y presente. . .Y nos da limpio
lo que nunca es pintable, lo que sólo
puede ser por sí mismo, y aparece
del lienzo en los altares
ante el final conjuro
de una oblación de arte
que llegase a una cima de silencio.
               
Pintor de huellas. Oficiante de advientos.
               
               
               
         
SONETO A UN TRAPO PINTADO POR DAUDÉN
               
               
Sobre un fondo de neutras oquedades,
surgiendo del abismo de lo informe,
tu trama maltratada es una enorme
entidad que nos grita sus realidades.
               
Y hay un denso vivir en ese grito
superador de estáticas esencias,
algo que nos sacude las conciencias
encaradas de pronto a lo inaudito.
               
Eres, más que la línea definida
y el estupor de tu presencia quieta,
trascendido modelo. La paleta
               
fue mediadora dulce y sometida
en la genial ruptura de tu calma.
El alma del pintor te ha dado un alma.
               
               
               
               
               
ÓLEO DE AURORA A. DEL VALLE
               
               
Las fotografías no tienen alma,
la perdieron sobre la plata fría
de la emulsión que quiso perpetuarlas.
               
Las cosas sí la tienen. Tienen un alma cálida
que manos desgastadas par la vida
fueron dejando en ellas, como humana
continuación de algo recibido
que va quedando en ellas al usarlas
llenando de nobleza sus perfiles.
               
Conservad esa esencia Respetadla.
Y no intentéis jamás reproducirlas
sino es a golpes de intuición soñada,
añadiendo a su alma vuestra alma
en parcial oblación de lo que es vuestro,
de esa entidad que generosamente
en cada cuadro dejareis plasmada.
               
Mientras más es la entrega de uno mismo
más esta misma entrega nos agranda.
               
En tu "Alacena", Aurora, así lo haces.
La humildad de las cosas alineadas
en su entrañable ser asume un aire
de letanía de humanidad varada...
               
El salmo eterno,
siempre fluyente y quieto,
de ese misterio de las divinas aguas.
               
               
               
A NICOLÁS, PINTOR
               
               
¿Qué es, Forteza, real y qué lo bello?
¿Cuántas son de verdad sus dimensiones;
las dos cruzadas de tu lienzo virgen?
¿las tres soñadas en tu blanco y ocre
               
o en tu verde y tu sol? ¿las infinitas
saetas luminosas y salobres
-dedos de Dios- sobre tu mente inquieta?
¿Es la forma? ¿Lo informe
               
que sugieres con tus formas?
Ese increíble espacio que tú pintas,
oquedad de color, ¿a quien aloja
que su visión asombra e intimida?
               
¿Cómo plasmas ese aire trasparente
que acuna rocas y desgasta esquinas,
que tiene entidad propia y nos envuelve
con esa luz dinámica y dormida?
               
¿Cómo el pasmoso blanco de esas casas
con alma de materia trascendida?
Cuando pintas, Forteza, ¿eres consciente
del divino milagro que realizas?
               
o también te preguntas,
en el misterio cruel que te eterniza
al tratar de rasgar sin ira el velo
con el que Dios oculta su sonrisa.
               
               
               
PAISAJE DE FEMENÍA
               
               
Más real que la realidad
el denso verde
sobresale del lienzo en una atmósfera
tan limpia y trasparente
               
que parece flotar en un espacio
irreal en el que falta el aire.
La limpieza absoluta del ambiente,
como una sideral tierra de nadie,
               
sirve de contrapunto a las realidades
que tu mano inspirada delimita
como una creación en la que el éter
acunara formas recién nacidas
               
Paisajes-sueño, más no por sus figuras
fielmente verdaderas. Es el seno
de diáfano cristal en que reposan
el que les da un onírico subsistir eterno.
               
         
         
             Contenido    
               
              
         
         
         
         DOS POETAS AUSENTES         
A FEDERICO MUELAS
   
   
   
Federico en la piedra. Federico
en la piedra de Cuenca,
pedestal de sí mismo.
   
Erguido chopo
de raíces hundidas en la roca
y hojas vivas, vibrantes, en divino
y fugitivo gesto liberado.
   
Se van callado los aires Federico
como a la espera de tu verbo limpio.
Se han cuajado los pájaros
al no poder posarse en tu latido.
   
Y los montes buscan su propia forma,
y los ríos
no encuentran aquel junco
que nació en tu poema a su sentido.
   
pronto a la Navidad
le asombrará tu hueco nuevamente,
porque aquí Federico somos ciegos
tanteando las sombras hacia fuera
y no podemos verte.
   
Tú estás ya dentro de nosotros mismos
como un coro de voces indelebles,
dentro de la parábola
del poema imposible
que nunca podrá ver quien no merezca
tener tu cristal verde.
   
Ya no eres antena como un día te dije,
transmisión de lo oculto,
vehículo intuitivo de una mágica ciencia
que nos hacia videntes
del sobrecogedor misterio sin contornos.
   
Ya estás junto a la fuente
emisora de luz, en el principio
y en el final de un tiempo que no existe.
   
Pero también aquí, en los adentros
del pájaro y la roca, en el gótico eco
de esa catedral tan penetrada
por la liturgia bella de tus versos.
   
En las silentes calles
húmedas de una historia
que tú les devolviste.
   
En el alma incompleta de los tuyos,
tus amigos,
a los que para levantar el vuelo
tanta falta les hacen
tus alas, Federico.
         
                        
               
A RAFAEL PALMA
               
Tú sabías, Rafael, que todo nombre
es como una esfera hueca atormentada
por la tensión de reencontrar su centro,
y que a veces, tan torpes, no advertimos
que ese centro está fuera, o no podemos
apenas entreabrir nuestras paredes.
               
Es tanta la presión de fuera a dentro,
tan pocas nuestras fuerzas, tan oscura
la confabulación de máscaras
que da miedo salir.
               
Y mientras más sensibles
más fuerte es la tensión que interioriza
pero también mayor la sed de espacio,
y parecen opuestas, y la lucha
nos hace a todos hijos de la angustia
               
Cuando muere un poeta
(yo no quiero creer que nadie muera
pero de alguna forma hay que decirlo)
sus versos quedan como cristalizados
como intentos de luz, como presagios
de ese final poema perseguido
a golpes de intuición por un mandato
consustancial con el poeta mismo.
               
EI poema ideal, desnudo, libre,
sin final ni principio, sin estrofas ni ritmo,
sin color ni cadencias.
El poema no escrito
               
El que no puede hacerse. Porque es Uno
y es anterior al tiempo
y posterior también. Porque es divino
y no está preso en notas ni palabras.
               
Ese poema, Rafael amigo,
que ya alumbra tu cara.
         
           Contenido
         
         

TRES SONETOS

 

 

 

LA OLA

Ondulación crecida de sí misma,
fruto salobre del amor del viento,
embarazo de agua contenida
en su violento afán de nacimiento.
               
Vértigo de galopes en la cima
de su punto de apoyo ya privada,
parir de caracola enloquecida
sobre su propio eje desplomada.
               
Explosión de blancores insurgentes
hacia la tierra en línea de batalla
con espasmos de hervores decrecientes,
               
trocados en la arena humedecida
en serena y sutil tela de araña.
¡Oh colina en encajes convertida!
         
         
                        
A UN DESNUDO DE MUJER
               
               
Tus formas son, mujer, en tu costado,
la dulce insinuación de su prefacio,
un hueco de ti misma en el espacio
en que aún sólo existe lo soñado.
               
¡Oh contacto caliente de mi mano
en la cóncava piel de tu cintura!
¡Oh conversión de tu vacía escultura
en el real temblor de lo cercano,
               
destructor de admiradas perspectivas,
disgregador en pasionales planos
de lo que fue unidad y ya son vivas
               
escenas inacordes  ¡Oh humanos
actos de destrucción  ¡Oh fugitivas
ansias de perpetuar perfiles vanos..!
               
Prefacio muerto en ascuas posesivas.
         
         
     CAPRA HIRCUS
               
Silba el viento y se hiere en las ariscas
puntas de milenarios peñascales
abiertos, como enormes ventanales,
sobre abismos preñados de ventiscas.
               
Poseída de nieves y de soles, 
ominando la agreste sierra entera
con su altiva testuz, se yergue fiera
la cabra de los montes españoles.
   
Su mansión son los riscos casi eternos
que la vieron nacer y que algún día
sus restos guardarán. Son sus dos cuernos
               
pétreos interrogantes, duro anhelo
de orgullosa ascensión, frustrada guía
de un terco afán de acercamiento al cielo.
               
lbérica Babel en su porfía.
            
            
            
            
              Carlos Mª Pérez-Accino
                              
        
                              
                              
                              
    
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